GARRAS DE ORO – P. P. Jambrina (1926)

Sinopsis:

Una trama de espionaje en la que se ven envueltos el gobierno estadounidense y un periódico, todo a causa de la incidencia que el país del norte tuvo en la separación de Panamá de Colombia en 1903. Paterson busca apoderarse de unos documentos que probarían el ilegítimo accionar de su gobierno, mientras trata de mantener una relación amorosa con una joven colombiana. Este argumento que tiene su correlato en la historia de secretismos y ocultamientos de la película misma frente a los intentos de censura de funcionarios de Estados Unidos. 

Reseña:

Un temprano cine antimperialista

La historia que rodea la producción y posterior suerte de este filme, resulta tanto o más elaborada e interesante que la película misma. En la escasa filmografía del silente colombiano, que no alcanza a los veinte títulos, esta cinta se destaca, no solo porque es uno de los tres largometrajes del periodo que sobrevivió casi en su totalidad, sino porque en sus valores cinematográficos aventaja a los demás y también por ser el único que tiene un tema de importancia nacional y política que trasciende el usual melodrama costumbrista y regional. 

El tema de fondo es la separación de Panamá del territorio colombiano, en 1903, bajo las intrigas y presiones de Estados Unidos, dados sus intereses en el canal interoceánico. La historia de la película se apuntala en un hecho real, y es el juicio por difamación del presidente Teodoro Roosevelt contra el periódico The World, de Joseph Pulitzer, que acusaba al mandatario estadounidense de violar un tratado para traicionar a Colombia y apoderarse del canal. De este episodio el relato crea una trama de espionaje donde Paterson, el protagonista, busca hacerse con unos documentos del gobierno de Yankilandia (Estados Unidos) que absolverían al periódico en el juicio. En medio de esto, también hay una trama amorosa entre él y la hija de un empleado del consulado colombiano en Rasca-Cielo (Nueva York).

Pero el acento del relato está en el alegato antimperialista, efectuado principalmente por estadounidenses que reprobaban el despojo a Colombia. Y este alegato es claro y frontal, desde la misma imagen inicial (donde un vampiresco Tío Sam separa con sus garras a Panamá de Colombia), pasando por una trama que termina con una victoria moral para los reclamantes, hasta los inter títulos, que son expresas diatribas contra los Estados Unidos y ese accionar “que nos traerá algún día el odio de todos los pueblos”, como dice uno de ellos. 

Sobreviven 56 minutos, que es gran parte de su metraje original, por lo que la trama central se comprende por completo, aunque la amorosa sí se reciente con algunos vacíos. En este sentido, se muestra como un relato estructurado y con un sentido dramatúrgico centrado bien en su premisa, cosa rara vez presente en otras películas colombianas. Igual ocurre con su concepción visual, definida por una elaboración del encuadre, los espacios y el movimiento de los actores en el plano, algo que tampoco era común en las películas contemporáneas nacionales. 

Estas características diferenciales tienen que ver con las particularidades de producción de la película, la cual está a nombre de Cali Film, compañía creada con el secretismo propio de quien espera retaliaciones. Igual ocurre con su director, un tal P.P. Jambrina, de quien por décadas no hubo registro alguno, hasta que el investigador Ramiro Arbeláez encontró que se trataba de un periodista y político caleño llamado Alfonso Martínez Velasco. El tiempo le dio la razón a su cautela, pues están documentados los esfuerzos que entonces hizo el gobierno estadounidense por prohibirla y acallar su negativo mensaje. 

Cuando fue encontrada en 1986 y restaurada una década después, fueron más las preguntas en torno a esta particular cinta y sus ocultamientos, aunque de lo que sí no había duda es que se destacaba entre las películas de la época por su mayor refinamiento cinematográfico y por la valentía de abordar un tema cubierto por un silencio vergonzoso para los colombianos y culposo para los estadounidenses. 

Texto por Oswaldo Osorio 

Sobre el director

P. P. Jambrina es un seudónimo. La hipótesis más difundida lo atribuye a Alfonso Martínez Velasco, que luego fue alcalde de Cali (1930–1931). Por lo delicado del tema, es probable que todo el equipo firmara con nombres falsos. Biografía completa.

Ver la película

Ver en YouTube (57 min).

Mapeada por Alejandra Meneses Reyes, Andrea Cuarterolo, Andrés Múnera Patiño, Byron Davies, Carmen Viveros Celín, Dahiana Acosta, Fabiola Santiago, Félix Manuel Lora, Hugo Ríos Cordero, Isabel Rojas, Iván Zgaib, Juliana Arana Toscano, Laura Dávila Argoty, Lucía Requejo, Luciana Gallegos Volio, María Paula Lorgia Garnica, Olvin Otero, Oswaldo Osorio, Paola Vela, Rogelio Castro Rocha y Valentina Giraldo Sanchez

Fuentes

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