GALERÍA CINEMATOGRÁFICA INFANTIL – Domingo Filippini (1926-1927)


Sinopsis:

Alrededor de un centenar de niños posan delante de cámara, cada uno presentado con su nombre y apellido, o con el nombre de sus padres. Aparecen desde bebés hasta adolescentes, solos o con sus mascotas, bailando, besándose o interpretando pequeños personajes (como costureras, boxeadores, pintores, o como padres y madres con bebés de juguete). Un catálogo de retratos con estilo fotográfico en los patios del pueblo o frente a los fondos pintados del estudio de Domingo Mauricio Filippini en General Pico, La Pampa, Argentina.

Reseña:

Para quienes viven en otros rincones del país, la provincia de La Pampa constituye un misterio. Es quizás el territorio que más se acerca al agotadísimo estereotipo de la Argentina agropecuaria: llanuras, horizontes lejanos, rutas rectas e infinitas, parajes insolados habitados por gauchos, campos de siembra, ganado y una bajísima densidad de población en kilómetros y kilómetros de nada. La misma palabra “pampa” proviene del quechua y significa llanura. Por todos los frentes, la provincia es acosada por la redundancia. Incluso al día de hoy, La Pampa es víctima de la maldad de internet y protagoniza un meme que dictamina que la provincia, en realidad, no existe, que jamás existió.

Domingo Mauricio Filippini fue uno de esos pocos (según los números de los censos) habitantes que han poblado la provincia a lo largo de su historia. Nació en 1885 y ya de joven se convirtió en uno de los primeros realizadores de películas del país, pero, a pesar de estar vinculado a otros pioneros como Mario Gallo y Federico Valle, y quizás por ser víctima del mentado menosprecio hacia el “interior” del país que late en Buenos Aires, fue excluido de las historias oficiales de los comienzos del cine argentino. Filmaciones de las calles de su entonces pueblo, General Pico, micro noticieros que narraban acontecimientos sociales y deportivos de la región, el registro de una insólita nevada en 1927, la filmación del paso de un tren por la estación y su Galería Cinematográfica Infantil, son ejemplos de un realizador que usó el cinematógrafo a la manera de los Lumière, como herramienta de documentación de la realidad.

Tal como si se tratase de un álbum de fotografías con movimiento, cientos de niños de General Pico desfilan por las distintas viñetas de Galería Cinematográfica Infantil. Algunos representan gracias, pequeñas actuaciones, como fingir que pintan un lienzo, que leen o beben alguna pócima extraña, y otros simplemente posan, solos o junto a sus hermanitos, sus juguetes o mascotas. Impresiona la cantidad de niños, más aún al percatarse que esta película fue rodada apenas dos décadas después de la fundación de la ciudad; emplazada estratégicamente en el cruce de dos de las principales líneas ferroviarias de la pujante Argentina agroexportadora cuando corría, no ya la época de la conquista, sino la de la agrimensura del desierto.

En el film jamás aparece una marca temporal precisa (de hecho, la identificación del año de producción se dedujo gracias la marca del material y a un dato brindado por el cineasta Pablo Reyero a partir de la identificación de uno de sus familiares), pero sí aparece, además de las placas que identifican el origen familiar de los distintos niños, la siguiente inscripción al inicio del film: «Un grupo selecto de niños de General Pico contribuyen con sus encantos a la obra benefactora de una escuela, cumpliendo un anhelo paterno característico de las ciudades cultas”. En sintonía con la época, la novedad del aparato cinematográfico, que en sus inicios se interpretó como herramienta científica, es puesta por Filippini al servicio del beneficio social de una ciudad que, aún erigida prácticamente en el desierto, tiene ínfulas de cultura, de gran ciudad, de metrópoli. Porque donde hay cine, parece indicar el film en retrospectiva, pero sobre todo donde hay escuelas, disciplina, amor a la patria y niños, hay y habrá civilización. Galería Cinematográfica Infantil puede verse casi como una herramienta de agrimensura social, como un censo estético consecuencia de la voluntad civilizatoria, culta e iluminada, que tenía para sí la Argentina de principios del siglo XX. Esta película de Filippini es un cine que, ante todo, se presenta como la ratificación de una verdad, la de esos niños y niñas impresos por siempre en el nitrato, la ratificación del encanto y la vitalidad de la particularidad que reside dentro las engañosas cifras generales. Gracias a este film, pero fundamentalmente gracias a esos chicos, podemos corroborar que La Pampa existió, existe y existirá.

Texto por Tomás Guarnaccia

Sobre el director

Domingo Mauricio Filippini fue fotógrafo y tuvo un estudio en General Pico, La Pampa, donde filmó con su productora Venus Film – Cinematografía Filippini. Biografía completa.

Ver la película

Ver en el canal del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken (11 min).

Mapeada por Tomás Guarnaccia

Fuentes

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