Sinopsis:
Recabarren, el líder obrero más importante de la historia de Chile, se suicida en diciembre de 1924, tras una serie de desilusiones políticas y amorosas. Carlos Pellegrín, dirigente de la Federación de Empleados Particulares de Curicó, escucha los disparos y, junto al camarógrafo Luis Pizarro, corre a filmar la aglomeración espontánea que se produce frente a la casa del “apóstol” en la calle Santa Filomena.
Este arranque –relatado por el propio Pellegrín años después— corresponde al fragmento perdido de Los funerales de Recabarren. Pellegrín había debutado cinematográficamente unos meses ante con otra película perdida, Los desheredados de la suerte. La segunda parte de la película, la que se conserva, es a la vez una filmación planificada y un registro de espontaneidad popular. Pellegrín logra instalarse en los techos y esperar estratégicamente el cortejo fúnebre. Sin embargo, la cámara logra capturar apenas una fracción de la masa desbordada.
Reseña:
“No llores, clase obrera; reconstruye tu obra y sigue el camino sin volver a mirar a los bárbaros, porque de ellos sólo es el pasado. El porvenir es tuyo”.
Luis Emilio Recabarren, El Socialista, Antofagasta (1919)
Hacia la mitad de Como me da la gana II (2016), la montajista Sophie França le pregunta a Ignacio Agüero (ambos en off) por las cualidades cinematográficas de una secuencia de imágenes de archivo que están revisando. Agüero responde: “los sombreros” y França replica: “muy gracioso”. Como ocurre con varios chistes agüerianos, la respuesta funciona al mismo tiempo como humorada y como comentario serio (una oposición, por lo demás, menos clara de lo que dicta el sentido común).
La distancia temporal implicada al ver un archivo de la primera mitad del siglo XX toma forma en el reconocimiento de cambios urbanos y tecnológicos, en características formales (el blanco y negro, el grano) y, de manera más inmediata, a un documento involuntario de la moda de la época. Al ver hoy Los funerales de Luis Emilio Recabarren (1924) de Carlos Pellegrín, surge una primera fascinación documental al ver la cantidad de gente que reunía una figura como Recabarren. Sin embargo, lo que salta a la vista después en los planos de multitudes es el desfile de sombreros con cinta, banderines y trajes de dos piezas que conforman la masa obrera. Un poco antes, en un plano frontal en el que posan “Miembros del Partido Comunista del cual el sr. Recabarren fue su fundador”, sumamos los cigarros y pañuelos de bolsillo a la observación.
Entre estos testimonios de vestimenta y de vida política, la película de Pellegrín se distingue por la excepcionalidad tanto del sujeto que busca retratar y de las estrategias que emplea para filmarlo. Podría decirse que la obra –la parte sobreviviente al menos— se organiza en tres secciones: una presentación directa de personajes frente a cámara (familiares de Recabarren, miembros del PC, delegados de sindicatos); el registro urbano del recorrido del hasta el cementerio; y una serie de discursos políticos proferidos por figuras afines tras el entierro.
La segunda parte, la más inmediatamente fascinante, consigue dar cuenta del volumen de la masa en parte por su fracaso al registrarla. Un intertítulo indica “Vista panorámica”, pero la cámara no consigue realmente una panorámica: panea hacia los lados y luego hacia arriba, incapaz de contener a la gente en un solo plano descriptivo. Si la primera y tercera parte tratan de individualizar a algunos personajes, la segunda se limita al registro incompleto de las mareas de gente. Se podría decir que esta impotencia de registro es inherente a todo evento masivo. Sin embargo, en registros de funerales más “oficiales” como Los funerales del Presidente Montt (Julio Chenevey, 1911) o Los funerales de S.E. el Presidente de la República Don Pedro Aguirre Cerda (Jorge Reyes de St. Anne y José Valladares Prieto, 1941), se puede observar lo contrario: las autoridades (y a veces los documentalistas) intentan controlar a la masa entre cordeles y señalamientos del circuito “autorizado”.
Esta falta de control, derivada tanto de las estrategias Pellegrín como de la espontaneidad desbordada del homenaje al líder obrero, alcanza su punto cúlmine en la última secuencia. En la sección de “Algunos oradores”, cada dirigente es presentado por un cartel de presentación y un plano frontal que los muestra dando su discurso. Sin embargo, como en Alfred Butter and Sons, Glebe Mills, Hollinwood (Kenyon y Mitchell, 1901), el público que participa de la situación no ignora la cámara, ni tampoco existe un intento de dirigir las miradas. Pellegrín, que participa de uno de los discursos, permite que la gente mire a cámara con curiosidad, incluso aunque interrumpan la centralidad del discurso. En este gesto, a ratos cómico, Los funerales de Luis Emilio Recabarren se erige como una de las primeras películas verdaderamente populares del cine chileno.
Texto por Héctor Oyarzún
Sobre el director
Carlos Pellegrín Celedón fue un realizador chileno del período mudo. En 1924 escribió, dirigió, produjo y protagonizó el largometraje Los desheredados de la suerte, hoy perdido. Según contó en 1965 a la revista Ecran, la falta de medios truncó sus ambiciones cinematográficas. Se desconocen sus fechas de nacimiento y muerte. Biografía completa.
Ver la película
Ver en la Cineteca Nacional de Chile (en línea) (8 min; se conserva solo una parte de la película).
Mapeada por Héctor Lientur Oyarzún Galaz, Vanja Munjin y Victor Guimarães