Sinopsis:
Cortometraje de comedia slapstick que sigue las andanzas de Pindóca y su comportamiento errático en una hipotética isla paradisíaca. “Recién llegado de la India, donde estudió fakirismo” —según nos señala una de las placas introductorias—, Pindóca se ve envuelto en una serie de enredos que incluyen a un grupo de jovencitas que juegan en la playa, una pareja que hace morisquetas, un par de borrachos con visión doble y dos poco sagaces policías que intentan atraparlo.
Reseña:
La cantidad de películas sobrevivientes del período mudo es reducida, de modo que cada una se siente como un hallazgo invaluable. Pero Maluco e mágico es una película particularmente extraña. El pintoresco Pindóca, un personaje extravagante vestido de smoking y galera —protagonista de la película, interpretado por el director, William Schocair—, entra en escena pasados cinco de los quince minutos de duración del corto. Lo antecede un prólogo que consiste en un grupo de jovencitas cándidas que bailan en círculo en la playa mientras unos niños las observan, se ríen y las imitan. La escena es de un erotismo semi voyeurístico, como si fuera una nudie sin desnudos. Entre la comedia slapstick y el documental para mirones —una combinación que anticipa algo de la picaresca de los años sesenta en adelante—, hay planos que por momentos alcanzan algún destello de vanguardia involuntaria y belleza elevada (no faltó la comparación de la escena con La danza de Matisse), una ambivalencia que se expande al cruce entre la imitación de formas extranjeras y las cualidades autóctonas de la película.
Las placas iniciales nos introducen al relato así: “Esta es la historia de una isla donde vive el pueblo más exquisito del mundo”, más: “Ninguno trabaja, toda su gente vive del aire…”, como si se tratara de un pseudo documental etnográfico o una fantasía utópica —o acaso del exotismo bizarro de los mondo films—, pero la película no sigue ninguna de esas vías; se compone, más bien, de fragmentos desparramados y algo azarosos: Pindóca correteando como un loco de aquí hacia allá, gags de policías como en las películas de Mack Sennett, una pareja haciendo morisquetas, un par de borrachos con visión doble, un desfile de orquesta, un baile popular, imágenes de un pavo real con las plumas desplegadas y de un teleférico en movimiento, planos que giran sobre su eje para juguetear con los contornos montañosos como si fueran perfiles de personajes caricaturescos. Es decir, se compone de una serie de situaciones inconexas, con un débil hilo narrativo, que se desenvuelven de manera antojadiza.
Podría decirse que es una película fallida, un “intento de” que no se sabe a ciencia cierta qué intenta. Su imitación de la comedia hollywoodense termina siendo un bosquejo, no sólo por su impronta independiente, eminentemente amateur, sino por su incompletud y casi provisoriedad. Pero también refleja cierta insolencia y desparpajo en su apropiación de la cultura popular del norte, y compensa su pobreza en el terreno del género con osadía formal. Su precariedad, de algún modo, es también libertad artística. Con su discontinuidad narrativa, su pulsión erótica de baja estirpe y sus rudimentarios pasos de comedia, brinda un espejo grotesco del modernismo. Y acaso esa involuntaria (¿inevitable?) estética de la precariedad posea una cualidad latinoamericana: la copia aspiracional frustrada que intenta pasar por algo que no es sólo para exponerse más como la mezcolanza cultural inexplicable que es.
Texto por Agustín Durruty
Sobre el director
William Schocair fue productor, guionista, director y actor de comedias en Río de Janeiro. Según la Cinemateca Brasileira, exhibía sus comedias de persecuciones —que imitaban las de dos rollos de Hollywood— en una cervecería de su familia en la antigua Praça Onze. Se desconocen sus fechas de nacimiento y muerte. Biografía completa.
Ver la película
Ver en YouTube (14 min).
Mapeada por Agustín Durruty