EL SARTORIO – Autoría desconocida (1907)

Sinopsis:

Se dice que es la primera porno de la historia del cine. Mas, habría que precisar, es la primera película porno que se conserva, seguida de una francesa de 1908. Aunque, en realidad, circulan tres copias físicas de duración diversa, una de las cuales es soportada por una película Kodak de 16mm en negativo que no fue comercializada antes de 1927. Se dice que es la primera porno de la historia del cine hecha en Argentina que se conserva. Pero, a decir verdad, hasta se la llegaron a atribuir a un Eisenstein de paso por México en los años treinta. Lo cierto es que, mostrando a seis mujeres desnudas siendo espiadas por un sátiro -quien, luego, rapta a una de ellas con la que incursiona en varias posiciones amatorias vistas en primer plano, hasta que es “rescatada” por las que habían huido-, evidencia tempranamente la potencia autorreflexiva del cine: se presenta prácticamente como un acto de cultivo del placer de mirar, en este caso, un cuerpo femenino siendo sexualizado a cara cubierta.

Reseña:

MIRADA ENDIABLADA. Notas sobre un filme maldito.

Apaga tu foco, cinematógrafo atrevido. 

Ante tus vergonzosos espectros los hombres se ríen. 

No los invites a tal profanación. 

Si se ríen del amor, la muerte se reirá de ellos, y no los perdonará.

Rafael Barrett (1908).

Se dice que el cine en sus inicios fue acusado de ser un instrumento del diablo. Jean Epstein sostenía que era una consecuencia del máximo binarismo heredado de casi todas las religiones: Dios, vinculado a la tradición, a la ley, a la razón, a una voluntad de conservar el pasado hasta hacerlo inmutable; y, el diablo, en cambio, al caos, a la variancia continua, a la movilidad inherente de la vida, a la atracción de otro porvenir que destruye tanto el pasado como el presente (El cine del diablo, 18-9). El cine sería diabólico en la medida en que, al ser el movimiento “su facultad maestra, la expresión fundamental de su genio” (24-5), muestra que el universo está en transformación constante. 

Se dice que el cine ha sido censurado por tentar las buenas costumbres. Hasta los hermanos Lumière optaron por proyectar el cuerpo de la actriz Louise Willy exhibiéndose poco a poco frente a cámara. El manto de erotismo que cubría aquellas primeras imágenes en movimiento no tardó en develarse en favor de los más bajos placeres. Y es que, si el cinematógrafo había convertido el acto cotidiano de regar, de salir de la fábrica, de tomar el té en vistas placenteras para el pueblo, luego el cine estaba llamado a ser el arte predilecto del voyerista. Es así como se abrió paso a la producción de un cine prohibido en nombre de la moralidad burguesa por lascivo, perverso, e indecente. Hecha la ley, hecha la trampa: se inauguró un circuito clandestino de filmes pornográficos que eran realizados en Latinoamérica, patio trasero en el que el “mal vivir” podía desplegarse con impunidad, para luego ser exportados en contrabando a Europa.

Se dice que Argentina encabezó la producción de cine pornográfico en Latinoamérica desde principios del siglo XX. Andrea Cuarterolo sostiene esta tesis con cautela, llamando la atención sobre las “contradicciones e indeterminaciones respecto a la fecha y origen de gran parte de estos tempranos films pornográficos [que] hablan, sin embargo, de la misma naturaleza de estas películas” (Fantasías de nitrato, 106). El caso insigne de la región es El sartorio, declarado el primer filme pornográfico de la historia del cine, a pesar de no saberse con exactitud ni sus fechas y modos de realización, distribución y exhibición; ni quienes integraron el equipo realizador; ni dónde se filmó; ni quiénes son las personas que aparecen; incluso se especula que su título se debe a equívocos de la traducción necesaria para ser consumido en el extranjero.

Se dice que se ha presentado distinta evidencia literaria, material, legal, periodística sobre los antedichos puntos controvertidos. Leonardo Gomes realiza un análisis técnico-material de las tres copias recién encontradas que lo lleva a concluir que fue filmada entre los años 20 y principio de los 30 (Afternoon of “el Satario”: expanding on the finding of an unidentified print, 2020), ahogando las aspiraciones argentinas de alzar la copa. Sea como fuere, se destacada de este filme su llamativo tratamiento visual en comparación con la media del género, sobre todo a nivel de montaje; el tono satírico en el que se insertan las escenas sexuales; y la inédita liberación de la ninfa que termina por ejercer activamente su sexualidad. 

Se dice también, a modo de denuncia, que este filme pone en escena el rapto femenino, motivo erótico típicamente masculino; que se aleja de la cultura popular latinoamericana para reproducir el dominio de la alta cultura europea (Cuarterolo, 104), acudiendo a figuras como la del sátiro; y que, ciertamente, perpetúa la asimetría subyacente en exhibir el rostro de las mujeres que hacen de ninfas y cubrir el rostro del hombre que hace de sátiro. Con todo, el escándalo que divide a las especialistas hasta hoy muestra la actualidad de este filme en tanto testimonio de la potencia del cine hecho en estas latitudes de desafiar los límites de una mirada que, al fin de cuentas, varía a cada paso.

Texto por Ivana Peric Maluk

Sobre la autoría

Se desconoce quién la filmó: los créditos y la identidad de los intérpretes se ocultaron, probablemente para evitar la censura.

Ver la película

Ver en Internet Archive.

Mapeada por Ivana Peric Maluk

Fuentes