EL PARQUE DE PALATINO – Enrique Díaz Quesada (1906)

Novedad y pasatiempo

Luego de que algunos cubanos lograran experimentar por primera vez el 7 de febrero de 1897 el cine (Partida de cartas, La llegada del tren, El regador regado y el muchacho y El sombrero cómico) junto al teatro Tacón, hoy Gran Teatro de La Habana, el espectáculo de feria del que tal vez habían escuchado algo, se revistió de una visión que, en rigor, no era folclorista. Curiosamente, el registro de lo folclórico de lo cubano vendría después. Pero esa primera imagen del cineasta viajero Gabriel Antoine Veyre del cuerpo de bomberos de La Habana era de manera extraña —por aparente descontextualización» más cubana que nacionalista. Eso sí, el nacionalismo (con sus intentos a ratos fallidos y en otras ocasiones logrados) se localizaron mucho antes de la épica negadora y argumentativa del cine de ficción realizado en Cuba a partir de 1959. 

Acaso con Simulacro de incendio (1897) Veyre dejó entrevista, sin proponérselo, la constancia del derecho a la grandiosidad nacionalista que luego se le ha criticado a Estados Unidos desde y antes del estreno de Alas (William A. Wellman, 1927). La «época de oro del cine cubano» revolucionario no ostentara tal calificativo sin ese cine previo, bastante irregular, pero cine cubano al fin y cabo que determinaría también aciertos y diferencias del cine hecho por el ICAIC y fuera de la institución.

Hay que reconocer en líneas generales que, no obstante lo perdido y ya no localizable, lo que aún se conserva y cuanto quedó asentado por un incipiente pero preocupado periodismo sobre cine, el documental cubano fue pionero en las imágenes de la isla. Así por ejemplo El brujo desaparecido (o desapareciendo), de 1898, de José E. Casasús, se considera la primera tentativa de filmar con fines publicitarios. Mucho antes —1925— de que Gerardo Machado creara el departamento de cinematografía, adscrito a la Secretaría de Obras Públicas, se promocionó cerveza en el mencionado documental de Casasús. Así que, hasta que aparezca un nuevo dato u obra cubana o sobre Cuba —que no es lo mismo—, representa el primer documental realizado en suelo cubano.

Con ese afán de promocionar espacios de recreo en el paisaje citadino Enrique Díaz Quesada —el principal documentalista cubano entre 1906-1915— no solo presentaba al espectador cubano un entretenimiento novedoso cercano, sino que remarcaba otra de las características del cine primero y posterior: su habanacentrismo. Díaz Quesada se anticipaba con El parque de Palatino (1906) además al Eliseo Diego de El sitio en que tan bien se está (Marisol Trujillo, 1978) cuando reconoce que, en efecto, sería necesario hallar, descubrir cuál es el secreto, el encanto, el hechizo de La Habana. Pero si nosotros pudiéramos lograr esto, desaparecía inmediatamente el encanto, el hechizo de la ciudad. Sería como violar una de esas prohibiciones que hay en los cuentos, de que no se puede abrir una puerta, no se puede decir cierta palabra, no se puede pasar por algún lugar.

Pero, en el fondo, El parque de Palatino, que se debe a una realidad pasada, a esa realidad que ya se ha ido y sabemos de ella porque alguien escribió sobre la misma o la grabó, responde a una captación fragmentaria del hecho noticioso, de lo actual en un ensayo anticipatorio del poder visual de las imágenes en movimiento de un sitio nuevo para los cubanos. No hacía falta leerlo en la prensa o en una revista que salía con días de retraso. No era preciso conformarse con el saber de oídas. Se podía constatar en la experiencia de la sala oscura en ciernes y luego decir: lo vi con mis propios ojos. Hay que darle la razón a Ardito cuando asegura que, en general, se destacaban por la preponderancia de noticias de carácter frívolo o intrascendente (notas de sociedad, funerales, desfiles militares, concursos de belleza, reportajes turísticos o folklóricos, deportes, catástrofes naturales…) frente a las noticias realmente vinculadas con la realidad política, social o económica. Finalmente, hay que destacar el hecho de que, durante largo tiempo, fueron la principal fuente de información para buena parte del público, por lo que todos los países con un cierto grado de desarrollo socioeconómico contaron con uno o varios noticiarios estables, y que, precisamente por esta razón, fueron objeto de un severo control informativo en los estados totalitarios, que asumieron el monopolio de dichos noticiarios.

Era el parque de Palatino según la cámara y mirada de Enrique Díaz Quesada, pero bien pudo grabar otro espacio habanero. En principio, se trataba de la novedad de un pasatiempo. Y eso merecía la atención.

Texto por Daniel Céspedes Góngora

Mapeada por Daniel Céspedes Góngora

Sobre el director

Enrique Díaz Quesada (La Habana, 1882 o 1883 – La Habana, 1923) es considerado el padre del cine cubano. Filmó noticieros y vistas desde comienzos del siglo XX, tuvo el primer estudio de cine de la isla y dirigió los primeros largometrajes de ficción cubanos. De su extensa obra solo sobrevive alrededor de un minuto. Biografía completa.

Ver la película

Ver en YouTube (1 min). Es lo único que se conserva de su obra; la Cineteca di Bologna la restauró en 2016 a partir de una copia del ICAIC.

Fuentes