EL SECRETO DE LA ABUELA – Cándida Beltrán Rendón (1928)

Sinopsis:

Según el libro Breve Historia del Cine Mexicano (Emilio García Riera, 1998) el film narra la historia de una niña huérfana, La Mosquita, que apenas sobrevive gracias a la venta de diarios para mantener a su abuela ciega. Al conocer a un hombre mayor y rico que decide adoptarla, descubre el secreto: el hombre resulta ser su abuelo. La película fue dirigida, guionada, protagonizada, y producida por Cándida Beltrán Rendón, quien también hizo la escenografía. Miembros de la compañía teatral española de Gregorio Martínez Sierra, entre ellos la famosa Catalina Bárcena, actuaron en la cinta, que contó con fotografía de Jorge Stahl. El film actualmente se encuentra perdido. 

Reseña:

El cine llega a México en 1896 y, casi de inmediato, registra las verbenas y corridas de Puebla: imágenes inaugurales de un arte todavía en ciernes. En 1906 se proyecta Fiestas presidenciales en Mérida (Enrique Rosas) y al año siguiente el film argumental El grito de Dolores o La independencia de México (Felipe de Jesús Haro). Si bien la Revolución Mexicana convierte al documental en protagonista, después de 1917 el relato de ficción gana terreno, bajo la sombra de Hollywood. En esos años surgen títulos paradigmáticos como Santa (Luis G. Peredo,1918), que funda el melodrama de la trabajadora sexual, o El automóvil gris (Enrique Rosas,1919), serial que conserva entre sus cuadros un fusilamiento real. Cineastas como Miguel Contreras Torres, Gustavo Sáenz de Sicilia, Germán Camus, y la destacada figura de Gabriel García Moreno serán los más reconocidos, mientras que la visita de Sergei Eisenstein en 1930, aún sin concluir la célebre ¡Qué viva México! deja una marca perdurable. Como es común con el cine del periodo, del centenar de largometrajes de argumento filmados entre 1917 y 1929, sobreviven muy pocos, y en malas condiciones. Como también es común, los nombres mencionados anteriormente son masculinos. Sin embargo, hubo mujeres que fueron parte del pionerismo cinematográfico de México.

Podemos nombrar a María Herminia Pérez de León, más conocida como Mimí Derba –actriz, productora, guionista y directora–, quien junto a Enrique Rosas fundó Azteca Films en 1917, compañía que llegó a realizar cinco largometrajes, entre ellos La Tigresa, dirigido por Derba. También las hermanas Adriana y Dolores Ehlers, que además de filmar documentales fundaron la Casa Ehlers en 1919, dedicada al revelado y a la venta de proyectores. A este panorama se suma la filosa pluma de Cube Bonifant en la crítica, aunque también incursionó como actriz en papeles secundarios, como en Santa (1931, Antonio Moreno), film que inaugura el cine sonoro en el país. Elena Sánchez de Valenzuela –actriz, crítica y directora del documental Michoacán (1917)–, Adelina Barrasa –exhibidora y operadora, dueña del Cine Odeón–, Adela Sequeyro –actriz en la etapa silente y directora de Más allá de la muerte (1935) y La mujer de nadie (1937)– constelan algunos de los nombres hasta ahora recuperados de mujeres activas en aquellos años. Adentrado el período sonoro, podemos nombrar a Maite Landeta –a cargo de la trilogía Lolacasanova (1948), La Negra Angustias (1949) y Trotacalles (1951)–  y Carmen Toscano, hija del pionero Salvador Toscano y coautora de Memorias de un mexicano (1950). Finalmente, el caso de la yucateca Cándida Beltrán Rendón resulta singular: sin vínculos previos con la industria, realizó de manera independiente su único largometraje, El secreto de la abuela (1928). 

Cándida lleva a la pantalla su guion original escrito en 1914, cuando tenía dieciséis años. Diferentes fuentes señalan que el argumento de la película –actualmente desaparecida, aunque el guion se encuentra en el Archivo General de la Nación de la ciudad de México– trataba sobre Mosquita, una huérfana pobre que se hace cargo de su abuela ciega vendiendo diarios. Al comenzar una amistad con un hombre mayor y de buen pasar económico que decide adoptarla, Mosquita descubre el secreto: ese hombre es, en verdad, su abuelo. El secreto de la abuela se enmarca dentro del periodo de auge del cine de argumento, casi en los límites de la aparición del cine sonoro.  La película fue producida, guionada, dirigida, y protagonizada por la propia Beltrán Rendón, quien también se encargó de las escenografías. Fue filmada en la antigua sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la Ciudad de México, y estrenada en el Teatro Regis en 1928. De la ficha técnica de la película se extrae, antes que nada, la tenacidad de la joven guionista y cineasta por llevar a cabo su proyecto. Hay registros de ella trabajando como zapatera y empleada del ayuntamiento, pero sin pasos anteriores como actriz. El caso de Beltrán Rendón es paradigmático por su producción prácticamente independiente. Fue la única película que filmó, posteriormente pasó a dedicarse a la música, autora de composiciones populares mexicanas. 

Escribir sobre el cine silente –aunque nada tenían de silenciosas esas proyecciones, generalmente acompañadas de música en vivo– implica partir desde la pérdida. Gracias al trabajo de investigadores especialistas del período, archivistas y coleccionistas que actúan como resguardo de la memoria de nuestro cine, al igual que instituciones públicas que realizan una tarea titánica con magros presupuestos, podemos iluminar un poco más de aquellos años. Así, sabemos que el período silente en México no estuvo exento de la incursión de mujeres en la incipiente industria, por más que la mayoría de sus películas se encuentren desaparecidas. Estudiar el pasado desde una perspectiva de género es también partir de silencios, omisiones y pérdidas. El caso de Cándida Beltrán, leído junto a lo que propone Mónica Dall’Asta, permite pensar el ingreso a la dirección de mujeres del cine silente –a diferencia de la de la fama y el estrellato más asequible en la vertiente actoral para el sector femenino– desde la idea de fracaso: una categoría que, aunque áspera, abre la posibilidad de volver a nombrarlas y de entender, desde el género, las restricciones de un contexto sociocultural determinado. 

Trayectorias “fallidas”, como las de Cándida, quien filmó solo una película, y su nombre quedó olvidado en los trasfondos de la época, develan que la falla no es individual ni aislada, sino que la que fracasa es más bien la Historia, profundizando las desigualdades sexogénericas presentes desde los inicios del cine. Volver a incluirlas, las veces que haga falta, en las narrativas históricas, se vuelve indispensable. La propuesta del Mapa del Cine Latinoamericano y del Caribe intenta justamente ser una cartografía que arroje nuevas perspectivas. El hecho de haber seleccionado películas del silente dirigidas por mujeres, incluso las menos reconocidas, apunta en esa dirección.

Texto por Candelaria Carreño

Sobre la directora

Cándida Beltrán Rendón (Candelaria Beltrán Rendón, nacida hacia 1898) trabajaba como empleada del ayuntamiento y en una zapatería de la Ciudad de México cuando produjo con sus propios recursos, dirigió y protagonizó El secreto de la abuela, a partir de un argumento que había escrito hacia los dieciséis años. Fue la última de las cinco mujeres que dirigieron en el cine mudo mexicano. Las deudas de la producción la alejaron del cine; más tarde fue compositora de canciones. Biografía completa.

Ver la película

Se considera una película perdida.

Mapeada por Candelaria Carreño y Carmen Viveros Celín

Fuentes

Deja un comentario