Sinopsis:
São Paulo, A Sinfonia da Metrópole de 1929 de los directores de origen húngaro Adalberto Kemeny y Rudolf Rex Lustig pertenece al género de sinfonía urbana propio de la época del cine mudo y en particular de la década del 20. La película sigue el ritmo de una jornada en la ciudad de San Pablo, inicia con el amanecer y finaliza con el atardecer, registrando las actividades más características de la urbe moderna y privilegiando el dinamismo que potencian las máquinas en los diversos ámbitos de la vida cotidiana. Esta última atracción la acerca a un cine de vanguardia pero no solo por lo temático sino porque asumen la potencia de la misma máquina cinematográfica, alejándose de las narraciones tradicionales; planos en picado y contrapicado, imágenes fragmentadas y superpuestas y un montaje vertiginoso, son los elementos que caracterizan a la estética del filme. Sin embargo hay que lamentar que el relato tiende a ser socialmente conservador y que adhiere a una identidad de lo moderno occidental sin considerar gestos locales.
Reseña:
São Paulo, A Sinfonia da Metrópole de 1929 de los directores de origen húngaro Adalberto Kemeny y Rudolf Rex Lustig pertenece al género de sinfonía urbana propio de la época del cine mudo y en particular de la década del 20 del siglo XX. En este tipo de película se retrata un día en una metrópoli con un montaje que privilegia el ritmo y el dinamismo urbano emergente y su consecuente cambio en la percepción con la masificación de las máquinas -y la reproductibilidad técnica- en los diversos aspectos de la vida. Misma preocupación de las vanguardias artísticas de principio de siglo en la que también se inscriben este tipo de filmes. Obras como Manhattan (Paul Strand y Charles Sheeler, Estados Unidos, 1921), Berlín, sinfonía de una ciudad (Walter Ruttmann, Alemania, 1927), El hombre de la cámara (Dziga Vertov, Unión Soviética, 1927) y Solo las horas (Alberto Cavalcanti, Francia, 1926) son parte de este grupo de sinfonías urbanas cinematográficas. Sin embargo no todas conjugan una propuesta estético-política similar. En este sentido São Paulo, A Sinfonia da Metrópoli se acerca más a la de Berlín de Ruttmann, pues ambas proponen una visión tecnológicamente modernizadora pero socialmente conservadora de esas respectivas ciudades.
La película de Kemeny y Lusting sigue el ritmo de una jornada en la ciudad de San Pablo, inicia con el amanecer y finaliza con el atardecer, registrando las actividades más características de una identidad moderna que atrae a artistas, intelectuales y políticos de la época. Destacan sobre todo los planos en los que se muestra la producción y distribución de bienes y servicios masivos desde leche hasta periódicos. Los planos detalle de las máquinas y el montaje vertiginoso proponen que son ellas las dinamizadoras de la ciudad, siendo los obreros más bien un instrumento activador de la cadena de montaje. Y es que los cuerpos de los trabajadores no aparecen ni en su singularidad (rostros que causan algún tipo de afección), ni en su condición colectiva como grupo orgánico de una clase activa, sino que son más bien recortados para mostrar como sus manos activan palancas, distribuyen botellas o sus pies transitan ágilmente por las calles.
El retrato de la ciudad también incluye otras instituciones típicas de los estados modernos que moldean las subjetividades, o en palabras de Foucault propias del disciplinamiento de los cuerpos: escuelas, prisiones, recintos de salud y actividades deportivas. El comercio en la ciudad, paseos en parques y traslados en tranvía, son algunas de las otras escenas que conforman esta calidoscopio urbano.
La película tiene un claro un ímpetu por querer posicionar a la ciudad brasilera dentro de un mundo occidental pujante, destacando los valores del progreso que la identidad moderna propone: el auge del comercio, una coreografía de los cuerpos ordenada y, por sobre todo, el desarrollo tecnológico de las maquinas. Estas últimas, además, no sólo permiten la producción en masa de bienes y servicios sino que también configuran un particular pulso: un modo de percibir el tiempo -la velocidad y el cálculo- y el espacio -racionalizado e instrumentalizado-. En este sentido es también importante destacar que esta sinfonía se compone de planos picados y contrapicados, imágenes fragmentadas y superpuestas y un montaje vertiginoso; todos elementos que comparte con un cine más bien de vanguardia que también se encuentra atraída por experimentar con el potencial del ojo mecánico. Es quizás este elemento el que permite considerar esta obra latinoamericana como un hito importante dentro de la historiografía regional. Sin embargo a diferencia de otras películas de la época, incluso también de Brasil como Limite (Mário Peixoto, 1929), el relato termina por confirmar una posición más bien acorde con la identidad modernizadora occidental con pretensiones de ser única y global, borrando cualquier elemento local y/o colectivo, así como también restringiendo cualquier atisbo de sorpresa o “shock” de esos que las ciudades modernas también proponen.
Texto por M. Laura Lattanzi
Sobre los directores
Adalberto Kemeny (Budapest, 1901 – 1969) y Rudolf Rex Lustig (Budapest, 1901 – 1970), amigos desde la infancia, trabajaron en la UFA de Berlín antes de emigrar a Brasil. En 1928 compraron la productora paulista Independência Filme y la convirtieron en Rex Film, que con los años se especializó en trabajos de laboratorio. Biografía completa.
Ver la película
Ver en YouTube (1 h 02 min).
Mapeada por Alonso Aguilar, Annemarie Meier, Daniel Saucedo, Ilse Mayté Murillo Tenorio, Ivonne Sheen Mogollón, Luciana Gallegos Volio, María Laura Lattanzi y Paola Vela