Sinopsis:
En los primeros días de la conquista española de la región andina, el pueblo de Hatun Colla, capital del Collasuyo, lucha por sobrevivir a la invasión ibérica. La ñusta Wara Wara, sobrina del último inca Atahualpa, es la llamada a salvar a los suyos de la extinción violenta. Peleando contra los conquistadores y los propios indígenas sedientos de venganza, la joven encuentra la salvación en el amor de Tristán de la Vega, un español con el que refunda un imperio en el que hay cabida para unos y otros, los nativos y los recién llegados.
Reseña:
Wara Wara es una película que ilustra a cabalidad la porfía del cine boliviano para sobrevivir al descuido, el olvido y el paso del tiempo. Su sola preservación a casi un siglo de su estreno es un milagro afortunado y anómalo en un país en el que la gestión del patrimonio cultural es limitada y precaria, cuando no inexistente. Aun tratándose de la considerada obra cumbre del cine silente de Bolivia, hasta la primera década de este siglo solo se sabía de ella por las referencias en libros y otros archivos documentales. Como de la mayor parte de los filmes realizados y estrenados entre finales del siglo XIX y los años 40 del siglo pasado en este país, sus copias habían desaparecido o perecido por falta de cuidado en su conservación. Solo un golpe de suerte le concedió una nueva oportunidad de vida.
En 1989, Mario Fonseca Velasco, descendiente del director de Wara Wara, José María Velasco Maidana, entregó a la Cinemateca Boliviana sesenta y tres latas y siete cajas con negativos de la cámara con la que se había rodado el largometraje entre 1928 y 1929. El material fílmico había resistido al deterioro químico gracias al clima de La Paz, que, por su sequedad y baja temperatura, favoreció su conservación. El hallazgo fue el punto de partida de un prolongado proceso de reconstrucción de la cinta originalmente estrenada en 1930, que se reestrenó para el público boliviano en 2010, gracias al trabajo de la Cinemateca y el respaldo de instituciones de cooperación internacionales.
La versión de 64 minutos, que llegó a salas 80 años después de su lanzamiento original, fue reconstruida narrativamente por el cineasta boliviano Fernando Vargas. Esta reconstrucción implicó la restauración digital a partir de los negativos de nitrato y la recreación argumental a partir de la lectura de la obra teatral “La voz de la quena”, de Antonio Díaz Villamil, coguionista del filme. Como solo se consiguió recuperar un intertítulo, el trabajo de Vargas demandó crear nuevos intertítulos y apelar a compositores contemporáneos para musicalizar el largo silente, tomando como referencia partituras compuestas por el mismo Velasco Maidana. En los hechos, Wara Wara es una obra híbrida que integra imágenes rodadas a finales de los años 20 del siglo pasado con música y textos compuestos casi cien años después gracias a un esfuerzo previo de investigación.
Si su rescate patrimonial tiene ribetes épicos, no lo son menos sus cualidades estrictamente cinematográficas. El segundo largo de Velasco Maidana, reconocido con justicia como el cineasta boliviano más importante del periodo silente, fue lo más parecido a una gran producción para la época. Se lanzó a narrar una historia ambientada en los primeros días de la conquista española en la región andina.
En el centro de su argumento está el pueblo de Hatun Colla, que es invadido por los españoles sedientos de oro. En ese lugar, que es la capital del Collasuyo, vive Wara Wara, joven ñusta y sobrina de Atahualpa, el último Inca, quien está llamada a salvar al imperio quechua de los invasores. Sin embargo, ella no puede evitar enamorarse del ibérico Tristán de la Vega, algo que para los suyos es poco menos que traición. Similar a la leyenda de Pocahontas o de la Malinche, Wara Wara es un relato que lee la violenta conquista española en clave de melodrama. Ofrece como antídoto a las tensiones culturales los afectos entre distintos. Manifiesta su fe en el mestizaje como respuesta al desencuentro civilizatorio. El abismo entre civilizaciones se resuelve con amor, el amor sentimental que une al viejo con el nuevo mundo.
Aunque ingenua a la luz de interpretaciones más contemporáneas de la conquista española de América, la lectura de Velasco Maidana es muy decidora de la mentalidad imperante en la época de su realización, cuando Bolivia acababa de cumplir cien años de independencia republicana. La romantización del periodo colonial, con toda su carga de sometimiento y expolio, explica la persistencia del pensamiento colonialista en una nación que veía a sus pueblos indígenas como presencias cuasi decorativas, propias de un folclore pintoresco.
Con una puesta en escena muy deudora de la fuente teatral del argumento, Wara Wara funciona, también, como un muestrario de las formas de representación más institucionalizadas en las primeras décadas del invento cinematográfico. Conquistadores y conquistados parecen salidos de los nacientes westerns estadounidenses, así como de los peplums tan populares en las salas oscuras. Lejos de los escarceos vanguardistas de ciertas cinematografías periféricas a los sistemas de estudios, Velasco Maidana apuesta en este largo por un modelo de cine espectáculo destinado a grandes audiencias. Más que un examen crítico del pasado colonial del nuevo mundo, entiende su oficio como el de un alquimista que transforma la trágica historia de la conquista española en un espectáculo visual en el que convergen romance, violencia y hasta humor. A su manera, Wara Wara ilustra el triunfo del entretenimiento sobre el pensamiento. O si se quiere, la victoria del cine sobre la historia.
Texto por Santiago Espinoza A.
Sobre el director
José María Velasco Maidana (Sucre, 1896 – Houston, 1989) fue compositor, director de orquesta y uno de los precursores del cine boliviano. Dirigió La profecía del lago (1925), que fue censurada, y Wara Wara. En 1940 fundó la orquesta que dio origen a la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia. Biografía completa.
Ver la película
Ver en YouTube (1 h 05 min).
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