SOFRER PARA GOZAR – Eugenio Centenaro Kerrigan (1923)

Sinopsis: En un pueblo viven Edith Barros, esposa abnegada y sufrida, y su marido Tim, un hombre rudo. Jacques Fernandes, un hombre con intenciones malignas, intenta convencer a Edith de dejar a su marido para trabajar con él. Ella lo rechaza. Jacques decide matar a Tim y, así, obligada por la necesidad, Edith se ve forzada a aceptar el empleo ofrecido, en el “Bar de la Onza”, con sala de juegos, mujeres y bebidas. Un joven, Jayme, llega al pueblo a vender ganado y se enamora de Edith. Aunque al principio no es correspondido, poco a poco conquista su corazón. Jacques, asustado por su rival, pone en práctica un plan para eliminarlo. Sin embargo, Jayme lo vence en la disputa. La policía de São Paulo viene a arrestar a Edith por asesinar a su marido, pero ella logra probar su inocencia. Jacques se da cuenta de que está mal parado y decide matar al policía y secuestrar a Edith, pero es impedido por Jayme. Jacques es arrestado y entregado a la policía. Edith y Jayme se casan. Esta sinopsis fue posible gracias al archivo de la Cinemateca Brasileira.

Reseña: Según los datos de la Cinemateca Brasileira, Sofrer para Gozar  no se ha vuelto a exhibir desde el 1925 en Río de Janeiro. Aunque esto la convierte en una especie de misterio, me parece un reto acorde a lo que fue su realizador y el contexto en el que nació la película. E. C. Kerrigan era algo así como un farsante, uno de esos personajes excéntricos que parecen ellos mismos sacados de algún drama o comedia de los inicios del cine. Para que tengan una idea, no dudo que, de haber vivido en Estados Unidos, Billy Wilder lo hubiese adoptado para su cast de Sunset Boulevard (1950). De hecho, a juzgar por el personaje, podríamos incluso dudar de la existencia misma de la película, si no fuera por los fotogramas que se conservan y donde podemos ver a una Cacilda Alencar (Judith) con un increíble traje con corbata que la alejan por completo de la imagen de “esposa abnegada y sufrida” que se nos pinta en la sinopsis. 

E. C. Kerrigan (cuyo verdadero nombre era Eugenio Centenaro), nacido en Génova, pretendió ser muchas cosas en su vida: desde un conde italiano, hasta un gurú de la India que aseguraba poder leer tu futuro en una bola de cristal. Pero la identidad más relevante a este texto fue la que se forjó como director de cine importado directamente de Hollywood, donde aseguraba haber trabajado con las grandes estrellas de la época. Si no fuera por acusaciones al final de su vida sobre tráfico de mujeres, lo consideraría un héroe del “joseo” como le decimos los dominicanos y los boricuas al acto de buscársela para ganarse la vida. Esta mentira extravagante le dio el “caché” suficiente para conseguir dinero y hacer esta película, antes de que un turista gringo lo desenmascarara como alguien que ni siquiera sabía hablar inglés. Moviéndose alrededor de Brasil, logró dirigir cuatro películas más, todas en la década de los 20, antes de la llegada del sonido cuando sus excentricidades hubiesen salido más caras. Se mudó entonces a Curitiba, donde creó la Academia Cinematográfica Paranaense — que según mis búsquedas ha pasado a ser también un fantasma. Finalmente, se retiró por completo del cine y se dedicó a cultivar sus otras personalidades, pero me queda la duda de si entre todas las identidades que se forjó, la de cineasta era la que más hubiese querido creerse.

Texto por Julia Scrive

Sobre el director

E. C. Kerrigan, o Eugênio Centenaro Kerrigan, fue un realizador de origen italiano activo en el cine mudo brasileño de los años veinte. En Campinas dirigió Sofrer para gozar (1923) para la Apa Film. Su biografía es incierta. Biografía completa.

Ver la película

No se conoce ninguna copia disponible.

Mapeada por Julia Scrive-Loyer

Fuentes

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