MANUEL GARCÍA O EL REY DE LOS CAMPOS DE CUBA – Enrique Díaz Quesada (1913)

Sinopsis:

Aunque este filme permanece desaparecido junto con el resto de la obra de Enrique Díaz Quesada, excepto una película (El Parque de Palatino, 1906), la estructura de Manuel García… puede intuirse con cierta precisión a partir de textos publicados a raíz de su estreno el 6 de agosto de 1913, y repasos posteriores de investigadores. 

Acorde la nota publicada por el cronista cubano Eduardo Alonso, bajo el pseudónimo de Amadís, en el periódico El Mundo, la primera escena de la película “representa a Manuel García haciendo la vida de un ciudadano honrado”*, que según los apuntes biográficos del personaje real se convierte en bandido tras varios encontronazos con las autoridades coloniales. Luego se suma a la causa independentista.

Alonso destaca como “cuadros culminantes: el despeñamiento de una locomotora desde lo alto de un terraplén, el asalto de un tren en marcha, la voladura con dinamita de un vagón, el incendio de la estación de Quivicán, y la persecución a caballo de la Guardia civil española, tras la partida de Manuel García”.** Luego, el cronista detalla en su texto que el último cuadro de la película transcurre en “el cementerio de La Mocha, en que sobre su tumba [de García] aparece el espíritu del famoso bandolero”.***  

El crítico cubano José Manuel Valdés Rodríguez, que vio la película cuando contaba con 17 años de edad, menciona en su libro Ojeada al cine cubano: 1906-1958, publicado en 1963, otros detalles del relato, como “las escaramuzas con los civiles, las estratagemas, el ademán de reto, la acometida arrestada; la reunión sigilosa de hombres y bestias, en la noche alta, transparente y callada; el ataque artero y mortal”****, que evidencian los momentos más emocionantes o dramáticos. 

Puede apreciarse entonces que la película abarca desde la génesis del ciudadano en bandido hasta su muerte, ocurrida en la propia fecha en que comenzó la última gesta independentista cubana: 24 de febrero de 1895.

Notas:

* Alonso, Eduardo (Amadís): Sección “Vida Teatral”, El Mundo, La Habana, Cuba, 6 de agosto de 1913, p.5

** Ídem

*** Ídem

**** Valdés-Rodríguez, José Manuel: Ojeada al cine cubano: 1906-1958 (Editora Universitaria, 1963), La Habana, Cuba, p. 7

Reseña: 

Manuel García o el Rey de los campos de Cuba, ópera prima del que puede catalogarse más que “pionero del cine cubano”, “padre” de la cinematografía en la isla, Manuel Díaz Quesada (1883-1923), es uno de los largometrajes seminales del cine latinoamericano.

Se filmó y estrenó el 6 de agosto de 1913, de manera simultánea, en las desaparecidas salas teatrales Politeama Grande y Politeama Chico, en La Habana, precediendo en varios años a títulos como 1810 o Los libertadores de México (Carlos Martínez Arredondo, 1916), primer largo mexicano, La dama de las cayenas (Enrique Zimmermann, 1916), el primero de Venezuela, o El Apóstol (Quirino Cristiani, 1917), primer largo animado de Argentina y el mundo.

El primer personaje cubano en merecer una película de más de una hora de duración es un curioso antihéroe que había alcanzado el estatus de leyenda: Manuel Hermenegildo García Ponce (1851-1895), bandido y caudillo independentista. Varias películas sobre las bregas emancipadoras le precedieron, y no pocos nombres ilustres aguardaban por ser adaptados a la gran pantalla. 

Pero las semejanzas de este forajido con el propio mito de Robin Hood y las propias leyendas del Oeste estadounidense —ya asentadas desde los folletines decimonónicos y luego desde los meros inicios del cinematógrafo—, tributaron a la escogencia. La propia historia de García había sido publicada en formato folletín en el periódico nacional La Caricatura, con autoría de Federico Villoch. Dicho texto fue el seleccionado por los productores Santos y Artigas y el director Díaz Quesada —también fotógrafo y montajista— para adaptar a la pantalla, previa edición del escritor José López Rodríguez.

En pos de que el cine cubano de largometraje entrara por la “puerta ancha” en la historia, la película se decantó por la épica y la espectacularidad, que según los cronistas de la época como el citado Eduardo Alonso y críticos como el también referido Valdés Rodríguez, consiguió calar en los públicos.

Mientras la investigadora cubana María Eulalia Douglas apunta en 1996 que el rodaje “se realizó a bajo costo”*, el crítico Enrique Agüero Hidalgo, más cercano a esos tiempos, precisó que “no se omitieron gastos ni sacrificio personal alguno para vencer las dificultades confrontadas en la filmación, extendida a seis meses”** 

Arriesgar valoraciones sobre la puesta en escena, la capacidad narrativa o el estilo de Díaz Quesada, son imposibles por la desaparición de su obra. El remanente, el citado documental El Parque de Palatino, apenas ofrece algunos planos de corte reporteril, pero el cariz de sus incursiones en la ficción, presuntamente iniciadas con películas de cortometraje como Criminal por obcecación (1910)*** y Juan José (1910) —protagonizado por Gerardo Artecona, quien luego encarnaría a Manuel García—, queda a la pura especulación.

Quedan las impresiones***** de Alonso, para quien muchas de las escenas de Manuel García… eran “dignas de figurar en cualquier película de las firmas Nordisk, Pasquali o Milano”.***** 

Valdés-Rodríguez contaba 17 años de edad cuando asistió a la proyección del filme en el Polyteama Grande, y rememora desde la pura emoción en su libro de 1963, que las escenas de acción “parecían salirse del cuadro de fulgor y de su marco negro y desbordarse por la sala contagiando a los espectadores hipnotizados convertidos en partícipes del hecho heroico y tremendo”.****** 

La “mayoría de edad” del cine cubano llegó de una manera épica y emocionante, quizás no repetida en largo tiempo por los títulos que que le sucedieron. O sencillamente, las impresiones generadas en los públicos, y el desborde nacionalista que provocó, han nimbado a la película con un halo legendario imposible por ahora (quizás por siempre) de contrastar con visionajes contemporáneos. Su éxito marcó la carrera de Díaz Quesada, cuyo último largometraje Arroyito (1922), también recreó la vida de otro bandolero mítico nacional: Ramón Arroyo. 

Notas:

* Douglas, María Eulalia: La Tienda Negra. El cine en Cuba [1897-1990], Cinemateca de Cuba, La Habana, Cuba, 1996

** Agramonte, Arturo y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano I, Ediciones ICAIC, 2011, La Habana, Cuba, p. 115

*** Hasta 2005 se le acreditó comúnmente a Díaz Quesada la filmación de Un duelo a orillas del Almendares (1907), primer cortometraje cubano de ficción. Pero el hallazgo de un programa de la época, a cargo de la investigadora cubana María de los Ángeles Meriño en Santiago de Cuba, revindicó a Chas Prada como su autor. Esta rectificación está referida en Douglas, María Eulalia y Reynaldo González: “Enrique Díaz Quesada: Un pionero frente a la ingratitud”, en El nacimiento de una pasión. El cine en Cuba 1897-2014, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, Cuba, 2017, p. 303

**** Alonso, Eduardo (Amadís): Sección “Vida Teatral”, El Mundo, La Habana, Cuba, 6 de agosto de 1913, p.5

***** Ese mismo año Nordisk, el tercer estudio cinematográfico más antiguo del mundo, estrena Atlántida (Atlantis) de August Blom. Para 1913, Pasquali films era el segundo productor mundial de largometrajes, y el cuarto de cine en general. Milano films era célebre por superproducciones pletóricas de efectos especiales como El Infierno (LˈInferno, Giuseppe de Liguoro, 1911) y La Odisea (LˈOdissea, Francesco Bertolini, Giuseppe de Liguoro y Adolfo Padovan, 1911). 

****** Valdés-Rodríguez, José Manuel: Ojeada al cine cubano: 1906-1958 (Editora Universitaria, 1963), La Habana, Cuba, p. 7

Texto por Antonio Enrique González Rojas

Sobre el director

Enrique Díaz Quesada (1883–1923) es considerado el padre del cine cubano. Filmó noticieros y vistas desde comienzos del siglo XX, tuvo el primer estudio de cine de la isla y dirigió los primeros largometrajes de ficción cubanos. De su extensa obra solo sobrevive alrededor de un minuto. Biografía completa.

Ver la película

Película perdida: no se conserva ninguna copia.

Fuentes

Deja un comentario