LA LEYENDA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALTAGRACIA – Francisco Arturo Palau (1923)

Sinopsis:

En el siglo XVI, una niña sueña con la Virgen de la Altagracia. Obsesionada, le pide a su padre que le consiga una imagen de la misma cuando vaya a la ciudad. Este emprende el viaje, hasta encontrarla y regresar con ella.

Reseña:

Todas las tardes iba con mi mamá a alguna de las salas que quedaban en los alrededores de nuestra casa. Me agarraba de su mano, muy cercana a su falda almidonada, y entrábamos a la sala oscura como quien se sumerge en un letargo. Mi primera memoria cinematográfica es una imagen perdida: un cielo enrarecido, con nubes amenazantes y una luz vibrante en el fondo, como el sueño en el que una niña devota en el siglo XVI, vislumbra a una virgen entre las ramas de un naranjo, en “La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia”. Mi contexto era el mismo del momento en el cual se filmó la película, pero cuarenta años después. Los gringos habían vuelto a invadirnos, llevándose con su presencia esas tardes apacibles en las que la mano de mi madre era un ancla, cambiando para siempre el rumbo de mi vida.

Francisco Arturo Palau, fotógrafo y editor, estuvo presente en los rituales celebrados para la coronación de la Virgen de la Altagracia, en agosto del 1922, en Santo Domingo, en medio de la primera intervención estadounidense. Una parte de la población, feligreses que asistían a la ceremonia, pedían a la virgen que interviniera para que el país recobrara su soberanía. Lo vivido allí sirvió de inspiración a Palau, para solicitar al escritor Bernardo Pichardo la elaboración de un guión y la colaboración de Juan B. Alfonseca como productor, Tuto Báez como fotógrafo y Enrique Tarrazona como encargado de los decorados. La película tiene una duración de 20 minutos, con una estructura de cuatro actos y se basa en las prédicas de un párroco sobre la aparición de la virgen a una niña devota en el siglo XVI. La historia, ambientada en una comarca rural, cuenta que la niña pidió a su padre, que se iba de viaje a la ciudad, que le trajera de regalo la imagen de la virgen. Tras varias peripecias en medio de los paisajes exuberantes de la isla, el padre logra dar con un personaje misterioso que le hace entrega de la imagen, desapareciendo luego. Los actores y actrices eran no profesionales, cercanos al equipo que realizó la película.

El periódico Listín Diario hizo una crónica del acontecimiento social que fue al estreno, el 16 de febrero de 1923. Las pocas fotos muestran a un público ferviente en los balcones de las salas de los cines Colón e Independencia y que ovacionó extasiado en el momento en que la virgen aparece entre las ramas de los árboles, mientras la niña tiende sus brazos para intentar detenerla.

Es lo único que queda como memoria de la que fuera la primera película dominicana. No sobrevive fotograma alguno ni nadie que la haya visto o soñado.

Texto por Tanya Valette

Sobre el director

Francisco Arturo Palau (1879-1937), fotógrafo y editor, es considerado el primer cineasta dominicano: produjo La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia (1923), la primera película de ficción del país, y Las emboscadas de Cupido (1924). Biografía completa.

Ver la película

Se considera una película perdida.

Mapeada por Tanya Valette y Wendy Espinal

Fuentes

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