RIEN QUE LES HEURES – Alberto Cavalcanti (1926)

Sinopsis:

Rien que les heures (1926), de Alberto Cavalcanti, es un filme experimental que retrata un día cualquiera en París, desde el amanecer hasta la noche, utilizando apenas fragmentos, impresiones y gestos cotidianos. Combinando influencias del cine de vanguardia francés y del documental urbano, Cavalcanti propone una sinfonía visual que alterna el bullicio de las calles, los rostros anónimos, la actividad frenética y los momentos de pausa. El filme no sigue una narrativa convencional: su estructura está guiada por el ritmo de las horas y por la observación poética de la ciudad moderna, captando contrastes sociales y emocionales que se revelan en los detalles más efímeros.

Reseña:

Cavalcanti, un brasileño cosmopolita

Alberto Cavalcanti, cineasta nacido en Río de Janeiro y formado en la efervescente vanguardia europea de los años veinte, ocupa un lugar singular en la historia del cine latinoamericano precisamente por su condición cosmopolita. Rien que les heures (1926) nace de un accidente de producción: tras el bloqueo de su primer largometraje, Cavalcanti decidió, junto a un grupo de amigos, rodar con recursos mínimos un retrato de París a lo largo de un día. Sin estudio, con un presupuesto irrisorio y un rodaje improvisado en las calles, el filme adopta la forma de una “sinfonía urbana” marcada por el pulso de las horas, pero también por una mirada que, lejos de idealizar la metrópolis, revela sus fisuras sociales.

En un contexto cinematográfico dominado por exotismos y escenarios lejanos, Rien que les heures desplaza el interés hacia lo inmediato, hacia la ciudad vivida. Esta elección, aparentemente sencilla, tuvo un efecto disruptivo: lo que podía leerse como un experimento formal (el montaje ágil, la yuxtaposición de fragmentos, el ritmo visual) adquirió, por la fuerza de las imágenes, un carácter documental y político. La presencia del desempleo, la vida en los barrios obreros y las desigualdades urbanas tensiona la estética de vanguardia con una conciencia social poco habitual en la época.

La inclusión de esta obra en un mapa del cine latinoamericano y caribeño puede sorprender a quienes la identifican exclusivamente como parte de la vanguardia francesa. Sin embargo, el origen brasileño de Cavalcanti y su trayectoria transnacional la inscriben en un circuito cultural que no entiende de fronteras fijas. La América Latina de inicios del siglo XX también participó, aunque de modo desigual, en los debates y experimentos de la modernidad artística: escritores como Oswald de Andrade, Vicente Huidobro o Jorge Luis Borges dialogaban con corrientes europeas sin renunciar a perspectivas propias, a menudo tensionando la centralidad cultural del Viejo Mundo. De manera similar, Cavalcanti lleva a la pantalla una sensibilidad híbrida: un ojo formado en París y Berlín, pero capaz de percibir en la gran ciudad signos que escapan a la mirada complaciente del turista o del cronista oficial.

El cosmopolitismo de la vanguardia, a menudo criticado por su elitismo, adquiere aquí un matiz distinto: no se trata solo de circular por los centros de la cultura, sino de habitar esos espacios con una conciencia de desplazamiento, de extranjería. Este posicionamiento permite que Rien que les heures participe de la genealogía de las “sinfonías urbanas” –como Berlin: Die Sinfonie der Großstadt (1927) de Ruttmann o El hombre de la cámara (1929) de Vertov – y, al mismo tiempo, conserve una singularidad derivada de su doble pertenencia. En su improvisación y en su producción periférica se adivina una afinidad con prácticas del cine latinoamericano posterior, donde la precariedad material a menudo se transforma en motor estético y político.

La obra dialoga también con las artes visuales y la literatura de su tiempo: el montaje fragmentario recuerda los fotomontajes dadaístas; la observación de lo cotidiano resuena con la poesía urbana de Blaise Cendrars o Guillaume Apollinaire; la tensión entre belleza formal y denuncia social anticipa estrategias que el neorrealismo italiano consolidaría dos décadas después. En este sentido, Rien que les heures no solo documenta un día en París, sino que condensa, en su propia gestación, un tránsito cultural que vincula la modernidad europea con una sensibilidad latinoamericana desplazada, capaz de leer la metrópolis desde un ángulo no hegemónico. Por eso su lugar en la historia de nuestros cines no es anecdótico: es una pieza que recuerda que la cultura cosmopolita, lejos de ser patrimonio exclusivo de los centros, se nutre también de las miradas que llegan desde sus márgenes.

Por Angela Freire Prysthon

Sobre el director

Alberto Cavalcanti (Río de Janeiro, 1897 – París, 1982) fue un cineasta brasileño que hizo casi toda su carrera en Europa: la vanguardia francesa, el documental británico del GPO Film Unit y los Ealing Studios. Hacia 1950 volvió a Brasil para dirigir la producción de la Companhia Cinematográfica Vera Cruz. Biografía completa.

Ver la película

Ver en Internet Archive (47 min, con subtítulos en portugués).

Mapeada por Ângela Freire Prysthon, Camila Rioseco Hernández, Dahiana Acosta, Edwin Alejandro Cruz Valenzuela, Elena Duque, Isabel Rojas, José Sarmiento Hinojosa, Pedro Noel Doreste y Tomás Guarnaccia

Fuentes

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