EL PEQUEÑO HÉROE DEL ARROYO DEL ORO – Carlos Alonso (1929-1932)

Sinopsis:

Inspirada en un divulgado caso uruguayo, en la mañana del 8 de mayo de 1929, el joven de nueve años Dionisio Díaz, con su hermana bebé entre los brazos y una herida grave en el vientre, llega a la seccional de la ciudad de Treinta y Tres. Después de caminar kilómetros desde Arroyo del Oro, el chico recuenta a las autoridades los crímenes de su abuelo Juan Díaz, con tal de testificar, además del rescate de su hermana por plegarias de su madre, cómo es que su abuelo, trabajador en el campo y de apariencia noble, repentinamente empleó un facón para intentar acabar con sus propios hijos y nietos. 

Reseña:

En las primeras imágenes de El pequeño héroe del Arroyo del Oro, la cámara se embarca sobre el río y brilla como si flotaran cristales sobre sus aguas. Por su dirección y velocidad, la cámara reproduce el desplazamiento que vendría de un bote que arriba en los costados treintaitresinos, y el director Carlos Alonso topografía esos espacios como si, en ese mismo movimiento, la estuviera descubriendo con sus ojos cándidos. Pasa por colinas y elevaciones; granjeros con sus ovejas y vacas; hombres que montan sus caballos y dirigen ganados; hasta la ciudad homónima de Treinta y Tres, donde mujeres salen de la parroquia San José y, arriba, suenan las campanas a pesar de que nosotros, como espectadores de esta filmación silente, no las escuchamos. Así, la cámara recorre los lugares que cada intertítulo articula por su denominación, desde el Consejo Departamental, el Teatro Municipal, la Jefatura de Policía hasta el hospital de la ciudad; cada uno junto a su relación con Dionisio Díaz. Contrapuesto a esta belleza natural, un intertítulo anuncia: “Este es el prólogo de un drama”. 

Esta atención puede explicarse porque Alonso firmó un contrato con el empresario Bernardo Glücksmann, no solo para una ficción inspirada de la crónica escrita por José Sánchez Flores y publicada en el diario El País sobre Dionisio Díaz; sino también la creación de un documental promocional del departamento de Treinta y Tres. Ambas fueron exhibidas el mismo día en el Rex Theatre, pero la copia existente de El pequeño héroe del Arroyo del Oro las presenta como una misma obra. Pero este híbrido, fuera de ser incidental en su significación, termina forjando una relación dialéctica donde Treinta y Tres, más que mera ubicación, interviene directamente sobre la comprensión del mito popular. Es una película coetánea a los westens fundacionales a pesar de su distancia geográfica y articula sus devenires desde esa matriz civilización-barbarie, donde la violencia emerge desde la naturaleza para corroer la cotidianeidad.

Pero la rememoración tan factual a la hora de capturar las actividades rurales es, a su vez, completamente integra a la subjetividad de su personaje. Mientras se desangra por una herida mal vendada por sí mismo, Dionisio testifica frente a los oficiales sobre el múltiple homicidio cometido por su abuelo, y la acción presenta la simultaneidad entre su presente en la seccional y la alusión de Dionisio a los hechos desde un montaje paralelo, que corta entre esas memorias traumáticas y el niño que las revive. Esta simultaneidad ancla los hechos en el relato en ese momento previo a la muerte, por lo que se diluye el foco solo en el heroísmo —inmortalizado en el folclore uruguayo entre canciones enseñadas en escuelas y una estatua aún residente en Treinta y Tres— para rogar la agonía sobre la repercusión de esta violencia. 

El descenso de Juan Díaz se esboza de un modo testimonial donde perpleja lo repentino de sus motivos. Lo que podría verse como una carencia en el desenvolvimiento dramatúrgico ante su primitivismo formal, se nutre de recordar la perspectiva que vehiculiza los hechos. Vemos desde esos ojos que no pueden entender como su abuelo, que tan tierno y trabajador supo ser, puede haber caído ante ese arrebato. El escalofrío ante la autoridad patriarcal, que impone su proclamada necesidad de propiedad y «poner las cosas en su lugar», arrastra a sus más fatales senderos. Pero aunque Dionisio no haya sobrevivido antes de llegar al hospital para tratar su herida, la gente pone flores sobre su tumba en el cementerio. Será recordado, y esta película —estrenada tres años posterior al caso— actúa como otro gesto de registro, como ese oficial junto a Dionisio que tanto vemos escribir con su pluma para que se conserve el testimonio del niño antes de su muerte.

Texto por Juan Recuero

Sobre el director

Carlos Alonso (Montevideo, 1886-1953) fue cineasta y edil de la Junta Departamental de Treinta y Tres. Dirigió El pequeño héroe del Arroyo del Oro, basada en el caso real de Dionisio Díaz, ocurrido en ese departamento en 1929. Biografía completa.

Ver la película

Ver en YouTube (1 h 4 min). Copia subida por un canal de cine mudo no oficial. La versión muda se estrenó el 13 de mayo de 1932 en el cine Rex de Montevideo.

Mapeada por Agustín Acevedo Kanopa, Álvaro Bretal, Ana Carolina Benalcázar Cevallos, Cicibel Lucas, Diego Brodersen, Eduardo de la Vega Alfaro, Juan Recuero y Lauro José Zavala Alvarado

Fuentes

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