Sinopsis:
Largometraje peruano del cine mudo, dirigido por el italiano Pedro Sambarino, figura importante para el desarrollo del cine en la región andina, y con guión de la escritora y periodista precursora Ángela Ramos de Rotalde. La historia gira en torno a Fernando Orbegozo, quien hereda una hacienda en el valle de Lima e intenta revitalizarla. Él invita a la profesora Rosa Flórez, llegada de la capital, a contribuir en la escuela, y se enamora de ella, aunque ella está comprometida. Durante los carnavales, Rosa regresa a Lima y Orbegozo la sigue, sólo para descubrir que su prometido ya estaba casado. Desilusionada, Rosa regresa al campo y reconoce en Orbegozo una vida de estabilidad y trabajo comunitario. No quedan copias de esta película.
Reseña:
Escribir sobre la película peruana El Carnaval del Amor (1930) es enfrentarse a una serie de preguntas que trascienden la concretud de la materia cinematográfica. ¿Qué significa que una película esté perdida? ¿Se encuentra en un estado de latencia, a la espera de ser reencontrada? ¿O son sus vestigios como acontecimiento, con sus legados y contradicciones, igualmente productivos? Se trata de una invitación a tomar el signo de la pérdida como un camino para fabricar gestos historiográficos posibles.
Ante este entramado de especulaciones, algunos nombres destacan. El primero es el del director Pedro Sambarino. Fotógrafo italiano que llegó a Sudamérica en 1909 como cámara de la casa Pathé, tuvo un papel decisivo en el desarrollo del cine en Argentina, Bolivia y Perú, país en el que falleció en 1936. En esta ruta transnacional marcada por alianzas estratégicas, se desplegaron tres líneas de actuación: como director de fotografía de largometrajes icónicos del cine mudo (como Luis Pardo), como creador de noticiarios y documentales estatales por encargo, y en la creación de largometrajes de ficción en la región andina. Una de estas producciones es significativa: Corazón Aymara (1925), fundamental al ser uno de los primeros largos ficcionales de Bolivia, aunque con ciertas idealizaciones problemáticas en su representación indígena.
El segundo nombre central es Ángela Ramos de Rotalde, guionista de la película, su única incursión en esta función. Autodidacta, fue una de las primeras mujeres en el periodismo en Perú y desarrolló una escritura sensible a las tensiones sociales de Lima. Paralelamente, cultivó un lugar consolidado en la literatura, orientada por la atención a las experiencias femeninas y las tensiones de la modernidad urbana, con una participación política vinculada a círculos comunistas inseparable de su obra.
De la convergencia entre estas trayectorias nace El Carnaval del Amor. El rodaje empezó en 1927, con el estreno de la película en 1930, en el Cine Colón. A través de críticas de la época y de la reseña publicitaria escrita por Rotalde (otra de sus frentes), se intuye que la trama transita entre el romance y la crónica, en torno a un contraste crucial: los sólidos valores de los trabajadores del campo y la vitalidad superficial de la ciudad. Fernando Orbegozo hereda una hacienda en el valle de Lima e intenta revitalizarla abriendo una escuela. Invita a la profesora Rosa Flórez, llegada de la capital, y él se enamora de ella, aunque Rosa está comprometida. Durante los carnavales, Rosa vuelve a Lima y Orbegozo la sigue, solo para descubrir que su prometido ya estaba casado. Desengañada, Rosa retorna al campo y reconoce en Orbegozo una vida de estabilidad y trabajo comunitario.
La singular contribución de Ángela Rotalde al guión se nota en la complejidad y autonomía de Rosa, y en la imaginación política libertaria de la crítica a los ideales urbanos. En las pocas imágenes de escena que quedan, es latente la oposición dicotómica entre ambos territorios, reforzada por la fotografía de Sambarino. En el espacio rural, los trabajadores se reúnen como una masa única, con el actor José Luis Romero en el centro; ya en el carnaval limeño, la artificialidad es la tónica, con una disposición atomizada de los personajes. Si hay cierta idealización de la vida en el campo, también hay una apuesta por la posibilidad comunitaria de la concienciación.
Lo que queda es la especulación sobre lo que reside entre líneas de las excavaciones de esta producción. Oscilar entre una perspectiva estratégica de modelos narrativos europeos y un interés real por la vida local; el riesgo de una visión potencialmente estereotipada frente a las ambigüedades productivas que podrían existir en estas representaciones, evocando motivos que se repiten a lo largo de la historia del cine latinoamericano (sobre todo en la oposición entre el campo y la ciudad). Ante la imposibilidad de respuestas, solo nos queda habitar las preguntas sustentadas por el signo de la pérdida – no como un final, sino como otros comienzos.
Texto por Carla Italiano
Sobre el director
Pedro Sambarino (Italia – Lima, 1936) fue un pionero del cine en la Argentina, Bolivia y Perú. En Bolivia fundó la productora Bolivia Film y dirigió Corazón aymara (1925); en Perú fue el director de fotografía de Luis Pardo (1927) y dirigió El carnaval del amor, con argumento de la periodista Ángela Ramos, estrenada en febrero de 1930. Biografía completa.
Ver la película
Se considera una película perdida.
Mapeada por Candelaria Carreño