AFRODITA – Luis Moglia Barth (1928)

Sinopsis:

Afrodita transcurre en las últimas décadas del Egipto griego (el año 57 a.C.). En esta tierra remota, se dice que no hay bajo el sol nada más sagrado que el amor físico y nada más bello que el cuerpo humano. Particularmente el de Khrysé, una bellísima cortesana que atrae las miradas de todos. El escultor Demetrio es invitado a la cama de la mujer, quien, para compartir su lecho, le pide tres prendas: un espejo, un collar y una peineta. Estos objetos simples pertenecen a otras mujeres y, a partir de ahí, Demetrio inicia una vida criminal para conseguirlas. Afrodita no sólo sucede entre fastuosos decorados y vestidos exóticos porque así era la costumbre del cine de su década (esa que coqueteaba con la imaginación histórica y geográfica llena de brillos) sino porque simulaba de todas las formas posibles no ser una película argentina. Firmada con el pseudónimo Pierre Marchal, se estrenó en el país como si fuera una producción francesa con “desnudos artísticos” y fue censurada. 

Reseña:

De Afrodita sólo hay una foto fija en internet y ninguna imagen en movimiento. Puede verse en condiciones muy particulares: en una copia parcial recuperada en pedacitos, proyectada por Fernando Martín Peña, que usualmente repone por micrófono la información y los fragmentos que faltan a ese objeto que sobrevivió apenas al siglo. Por lo general (si no casi siempre) la música en vivo está a cargo de Fernando Kabusacki. En este caso la experiencia sucedió hace casi veinte años, así que pido disculpas por la falta de detalle. En mi recuerdo, Afrodita es una mezcla de los desnudos jorgoriosos de La mancha de sangre de Adolfo Best Maugard y una película de Cecil B. DeMille o, en realidad, la parodia/relectura que hace del director de fastuosos presupuestos Allan Dwan en Stagestruck, con una Gloria Swanson cambiando de decorados constantemente en sus fantasías de diva dorada (que en realidad trabaja en un restaurante popular de pueblo). Como en la película que se hace en Liebe macht blind de Lothar Mendes (encontrada hace poco en Chile), da por momentos la sensación de ser una película hecha por un grupo de personas (artistas, intelectuales, acaudalados) que quería, sobre todo, fantasear con el cine de la manera más artificiosa posible. Un cine hecho de deseo (sexual, de juego y de la textura, color y brillo de las cosas bellas). 

El engaño alrededor de los nombres y la identidad quizás venga de su origen literario: es una adaptación de Afrodita, del escritor erótico Pierre Louys, quien anteriormente había fingido ser el traductor de una colección de poemas escritos por una cortesana de la Grecia antigua contemporánea a Safo, Las canciones de Bilitis. En realidad, Bilitis era él, y tampoco existía ese tal Pierre Marchal que firma la película, sino que fue el pseudónimo de Luis Moglia Barth, importante director y empresario en la historia del cine argentino (dirigió la primera película sonora argentina, ¡Tango!). La película se distribuyó como una producción francesa para evitar el escándalo, pero de todas maneras fue censurada íntegramente. 

La historia de su supervivencia es heroica: una copia de la película cayó en manos del coleccionista Manuel Peña Rodríguez. Tras su muerte, pasó a manos del Fondo Nacional de las Artes con el resto de la colección. Moglia Barth fue el encargado de inventariar esa colección y se dice que, tras la experiencia de censura tan traumática (artística y comercial), decidió recortarla en varios pedazos y esconderla con otras películas de la colección. Fernando Martín Peña encontró estos fragmentos en el año 2008, cuando andaba tras la pista de la versión completa de Metrópolis, de Fritz Lang. Allí pudo volver a verse, de manera parcial, Afrodita. 

Si bien esta historia y este ejercicio de especulación histórica y estética son curiosos, más curioso sería que Argentina tuviera una Cinemateca Nacional y que el patrimonio fílmico no estuviera hecho de fragmentos, reducciones y descartes repartidos en bóvedas secretas casi totalmente.

Texto por Lucía Salas 

Sobre el director

Luis José Moglia Barth (Buenos Aires, 1903 – 1984) fue director, guionista, productor y montajista. Dirigió más de treinta películas entre 1927 y 1954, entre ellas ¡Tango! (1933), considerada la primera película sonora argentina. Biografía completa.

Ver la película

No se conoce ninguna copia disponible.

Mapeada por Lucía Salas

Fuentes

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