Sinopsis
Dirigida por Eduardo Martínez de la Pera y Ernesto Gunche, a partir de una idea de Humberto Cairo, Nobleza gaucha (1915) narra la historia de Juan en medio del campo. Este lugar se constituye como un territorio de trabajo, pero también de amor y amistad para el gaucho. Los momentos apacibles allí vividos son puestos en suspenso cuando El estanciero secuestra a La Criollita, recluyéndola en su mansión de la ciudad. Hasta allí llega Juan, junto a su amigo Genaro, para salvar a la mujer. Tras una lucha cuerpo a cuerpo, el noble gaucho logra su cometido, pero El Estanciero no acepta su derrota y utiliza el poder que tiene a su alcance para intentar cobrarse venganza.
Reseña
Detrás de la lucha de dos hombres por el amor de una mujer se descubre la lucha de clases: entre el gaucho trabajador y el dueño de las tierras. Dirigida por Eduardo Martínez de la Pera y Ernesto Gunche, a partir de una idea de Humberto Cairo, Nobleza gaucha fue estrenada el 11 de agosto de 1915 y se mantuvo en cartel por más de 20 años, siendo el primer éxito cinematográfico de Argentina y una de las pocas películas del cine silente que perduran en el país, como consecuencia de la fragilidad del soporte y la ausencia de una cinemateca nacional y políticas estatales de preservación. En este primer cine emerge la importancia por forjar una identidad nacional que aquí se comprueba en torno al personaje del gaucho, junto a las problemáticas que lo atraviesan y las citas que construyen su voz. Siguiendo a Tranchini (1999):
Fue el cine de inspiración criollista que constituyó un eje de representación discursiva, primero muda y sólo gráfica y textual, después también sonora, en el que la incorporación de lo criollo y su reproducción en imágenes funcionó como núcleo de irradiación de configuraciones simbólicas próximas al mundo de las culturas populares, proporcionó una inspiración estética renovadora, y resultó un factor de persistencia en la construcción de un imaginario criollista.
El plano general de un escenario rural presenta a Juan, subido a su caballo, tocando la guitarra. Entre la doma, el arreo, los asados con sus compañeros y los tensos intercambios con el patrón de la estancia, su vida cotidiana es puesta en escena. El campo es territorio de trabajo, pero también de amor y amistad, lugar donde el gaucho corteja a La Criollita tocando la guitarra en la puerta de su rancho y donde encuentra el respaldo de sus amigos: una pareja campesina de inmigrantes italianos con quienes comparte los mates y largas charlas. El equilibrio cotidiano de esa vida en apariencias pacífica, conmocionado apenas por la presencia de un sentimiento amoroso, se pone en suspenso cuando El Estanciero efectúa un plan para secuestrar a La Criollita en medio de una festividad local con el fin de recluirla dentro de su mansión en la gran ciudad. Juan intenta ir tras ella, pero el caballo pierde contra el automóvil. Desesperado, el hombre acude a su amigo Genaro y juntos viajan hasta un territorio hostil y desconocido para quienes no están naturalizados con ese paisaje de cemento.
A través del acto del secuestro El Estanciero procura revalidar su estatus de dueño, no solo de los bienes materiales, sino también de las personas devenidas en objetos de lujo. Pero el gaucho rechaza la idea de perder a La Criollita, logrando escabullirse en la mansión y luchar cuerpo a cuerpo para rescatarla. Tras el retorno al campo, la felicidad resulta efímera, siendo nuevamente interrumpida cuando el hombre acaudalado, motorizado por un sentimiento de venganza, recurre a la policía y el juzgado local acusando al gaucho de delitos no cometidos. Comprendiendo la situación, La Criollita pide a Juan que escape, y si bien en principio el hombre se niega, ya que no concibe que hayan motivos para convertirse en un perseguido, y ser tratado como un cuatrero o rebelde, termina por darse a la fuga aceptando que no todos son iguales ante la ley. Pero no todo es victoria para la clase alta: El Estanciero, finalmente, encuentra su límite y cae por su propio peso.
Realizada en 1914 con un elenco de actores de teatro y circo criollo —Julio Scarcella, María Padín, Arturo Mario, Celestino Petray, Orfilia Rico—, Nobleza Gaucha apela a una serie de intertítulos donde se evocan cuantiosas citas provenientes de las obras literarias Santos Vega (Rafael Obligado), Juan Moreira (Eduardo Gutiérrez) y especialmente de El gaucho Martín Fierro (José Hernández), trazando un paralelismo entre las figuras protagónicas de estas obras y el héroe de la película. A través de las dicotomías establecidas en torno a la clase trabajadora/clase propietaria; el campo/la ciudad; la tradición/el progreso, el largometraje construye su crítica social donde el gaucho se construye en tanto representación del ser nacional, realzando la dignidad de su clase, en contraposición con la ambición y deseo de explotación por parte de una clase propietaria estrechamente vinculada con los poderes institucionales que hacen posible la reproducción de su dominio.
Texto por Mercedes Orden
Sobre los directores
Humberto Cairo (Buenos Aires – 1945) fue director y empresario teatral, y figura como director y productor de la película. Eduardo Martínez de la Pera (1880–1969) y Ernesto Gunche (1883–1937), fotógrafos de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados, la codirigieron y la fotografiaron. Biografía completa.
Ver la película
Ver en YouTube (1 h 04 min).
Mapeada por Cicibel Lucas, Dahiana Acosta, David Leonardo Oubiña, Félix Manuel Lora, Fernando Vílchez Rodríguez, Jose Manuel Parra Zeltzer, María Paz Peirano, Maui Alena, Mercedes Orden y Sebastián Morales Escoffier